El asesinato de George Floyd

 Norristown, 7 de junio del 2020

Por Obed Arango

El pasado 25 de mayo del 2020 fue asesinado a manos de la policía de Minneapolis el afroamericano George Floyd. Quienes vimos las imágenes esa mañana, nos horrorizó ver lo que sucedió, un asesinato a plena luz del día, frente a cámaras de celulares de personas que pedían a Derek Chauvin que quitará su rodilla del cuello. Floyd ya había sido esposado sin resistencia, la razón, se pensaba que había pagado con un billete falso de 20 dólares, un billete que quizá ni él mismo sabía que era falso, pues cualquiera de nosotros podría tener en este mismo momento un billete falso en nuestra bolsa o billetera. 

Dicha acción motivó que la policía le pidiera bajar del vehículo, múltiples tomas muestran que George Floyd no mostró resistencia alguna, con los días se dieron a conocer distintos ángulos del evento, de los distinto celulares y de las cámaras de seguridad. Floyd a la fuerza fue arrojado al piso y Chauvin colocó su rodilla sobre su cuello, más de 16 veces Floyd exclamó: “No puedo respirar”, clamó por su madre y dijo que no se podía mover, hasta que finalmente, dejó de respirar. 

Ambler, Pennsylvania. Foto por Obed Arango, 2020

Me parece sorprendente que en este sitio de Latinos de Norristown continúen apareciendo memés que justifican este asesinato, un asesinato que muestra el abuso de poder, y el abuso de 4 policías del departamento de policías de Mineapolis. La salida más fácil de todo esto es decir que son solo algunos policías “malos”, que los demás son” buenos”. Esa no es la discusión. No dudo, y se que muchos no dudamos que hay policías “buenos” y también “malos”, por describirlo así. Aquí la discusión es del sistema policiaco en los Estados Unidos, y del sistema de violencia institucional en el país, que permite que este abuso se de, de manera flagrante y que continúe ocurriendo para personas de color, incluyendo afroamericanos, latinos y de otros grupos sociales y étnicos. 

Nosotros como comunidad Latina hemos sufrido por décadas la violencia de I.C.E. sabemos que han entrado a nuestras casas, humillado a nuestras familias, y detenido a nuestra comunidad muchas veces con violencia excesiva, y que han generado un trauma en nuestras familias, niños y niñas. Sabemos del enjaulamiento de niños, niñas, y familias en la frontera, sabemos de los centros de detención y de las condiciones inhumanas en que nuestras familias y connacionales han estado. Así es, conocemos de esa violencia. También, muchos hemos sido víctimas de prejuicio racial de la policía en el estado y en otros estados. Muchos tenemos historias y anécdotas que han dejado frías a nuestra familias y con gran inseguridad. Asimismo, nuestras familias de origen afro-latino han sido víctimas de doble racismo en este país, pero también antes en nuestra patria latinoamericana.

Ambler, PA. Foto por Obed Arango, 2020.

Así es, el abuso policiaco existe y ha existido, y me refiero en general, no estoy acusando a nadie localmente, que quede claro. No se trata, siquiera, de entrenar a los policías,-aunque tampoco eso se descarta- pues cualquiera que ve este video sabe que los cuatro policías eran conscientes de lo que estaba sucediendo y a nosotros los espectadores nos entró una impotencia por no poder ir a quitar la rodilla de Chauvin del cuello de Floyd, para cualquiera quedó claro que esto era un abuso. Pero Chauvin, y los cuatro policías no actuaron así, actuaron con conocimiento de que tendrían el apoyo del sistema policiaco, actuaron como si nada pasara. Si no hubieran existido cámaras, ni expectadores, ni una audiencia que lo vimos, seguramente el asesinato de Floyd hubiera quedado en el olvido, y hubiera quedado justificado en el cajón de un gabinete. 

El asesinato de George Floyd no tiene justificación alguna, una semana después la autopsia demostró lo que todos supimos al ver el video: Floyd murió de asfixia. 

Pero la historia no termina ahí, en realidad fue la continuación de 400 años de opresión, y de racismo. Pero en este escrito, quiero irme tan solo a unos días antes. El pasado 23 de febrero en el estado de Georgia un joven afroamericano de nombre Ahmed Aurbery fue literalmente cazado a balas por tres hombres blancos mientras corría en un vecindario, dos de los hombres iban en una camioneta que lo perseguía y un tercero grababa todo, un linchamiento abierto. Fue hasta el 5 de mayo que el caso adquirió relevancia, cuando el video salió a la luz. Si ese video no hubiera salido a la luz es muy posible que el asesinato hubiera quedado impune. 

El 13 de marzo la mujer Afroamericana Breonna Taylor fue baleada en su casa por la policía de Louisville Kentucky. La policía entró a su casa bajo una orden de cateo que les permitía hacerlo sin tocar, bajo la creencia de que ella estaba envuelta en “malos pasos” (venta de drogas) pero, no había prueba alguna de ello, más que la sospecha. El juez favoreció a los policías les dio un “no-knock warrant” (entrar sin tocar) en la entrada, hubo reacción de la pareja de Breonna, los policías dispararon y mataron a Breonna. Después salió a la luz que Breonna Taylor no tenía relación alguna con lo que se le acusaba y tenía como sueño ser paramédico o enfermera.

Tres abusos policiacos de los que hemos aprendido por los medios durante esta pandemia, pero ¿cuántos casos más no habrán, si no se hace una revisión profunda del sistema institucional de vigilancia a nivel nacional? 

Ambler Pa. “Black Lives Matter” foto por Obed Arango, 2020.

Este escrito no tiene la intención de generar “odio” contra la policía, sino de invitar a una reflexión profunda, y esto no solo lo dice su servidor, sino que es el centro del debate de cientos y miles de padres, madres, niños y niñas, jóvenes y señoritas, familias -víctimas de esa violencia-, trabajadores sociales, educadores, abogados, miembro de la sociedad civil, defensores de los derechos humanos, y representantes del gobierno, que piden una reforma, una revisión profunda de los valores y del pensamiento social que la policía tiene cuando se refiere a las minorías étnicas y raciales, la forma en cómo está estructurada la justicia, cómo se contrata, y a quién se contrata (Nos queda claro que muchos de quienes han abusado son blancos nacionalistas de corte conservador), y lo que el sistema entiende por diversidad, y/o el significado de sociedad civil (casi siempre adjudica este solo a quien despide un patriotismo conservador, por eso los blancos conservadores pueden entrar hasta con armas a los capitolios a protestar). 

Estos abusos policiacos a nivel nacional que en el mejor de los casos terminan en arrestos humillantes y en el peor con el asesinato del acusado ya sea afromaricano o latinx, han cocurrido por déacadas, y hoy la sociedad está haciendo una revisión minuciosa de los valores institucionales, que desde los tiempos del Dr. Martin Luther King en la década de los sesenta ya había denunciado. 

Ante quienes dicen que las cosas han mejorado, quizá lo dicen porque ya no se ven hombres en sábanas blancas o porque ya no se ven fuentes de agua segregadas, eso no es una mejora, esa es sola una justificación somera y simple. El asunto es más profundo y tiene que ver con los prejuicios raciales a nivel institucional, que se muestra en la salud, la educación, el trabajo, la disparidad en la taza de desempleo, las oportunidades de trabajo y educación, la pobreza a la que las comunidades de color hemos sido orillados, de manera sistematica y en la que muy raras veces nuestra agenda social es atendida en las propuestas legistaltivas. Y sí, también en el sistema de violencia institucional, que generalmente trata a la población afroamericana y latina con un prejuicio marcado. Este escrito, tiene la intención de pedir una reforma en el sistema de seguridad, y segundo, que como pueblo latino, y especialmente de Norristown, procuremos encontrar soluciones humanas y dignas, para las comunidades que han sido víctimas del abuso.

Ambler, Pa. 8,46″. Foto por Obed Arango, 2020
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